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31 de octubre de 2009

Observado el objeto astronómico más lejano en el universo

El estallido en el cielo      Estallido en ultravioleta
Una estrella que debió de ser mucho más masiva que el Sol murió hace 13.000 millones de años en una explosión gigantesca, cuyo resplandor ha estado viajando por el universo durante todo este tiempo -a la velocidad de la luz- y fue captado por los telescopios aquí el pasado 23 de abril. Los científicos que han analizado el fenómeno lo dan hoy a conocer y afirman que es el objeto más lejano que se ha observado hasta ahora. El estallido se produjo unos 630 millones de años después del Big Bang, la gran explosión inicial, es decir, cuando el universo tenía el 4% o el 5% de su edad actual (13.700 millones de años). Aunque el record es llamativo (el anterior estallido de este tipo, denominado de rayos gamma, era 150 millones de años posterior), lo interesante del descubrimiento es que permite empezar a vislumbrar la fase de la evolución cósmica en que se forman las primeras generaciones de estrellas. El estallido es para los astrofísicos como un faro del universo primitivo.

"Esta explosión nos proporciona una visión sin precedentes de una era en la que el universo era muy joven y estaba sufriendo drásticos cambios", comenta Dale Frail, del Observatorio Nacional de Radioastronomía (NRAO).

El estallido de rayos gamma ahora presentado en la revista Nature se denomina GRB 090423 y fue detectado, en primer lugar, por el telescopio espacial Swift, de la NASA. Gracias a un sistema automático de alerta que avisa a diferentes telescopios cuando se detecta uno de estos fugaces fenómenos, -creado precisamente para seguirlos con la mayor presteza posible- varios observatorios en el mundo pudieron ver, medir y localizar la luz que llegaba del punto donde se había detectado el estallido. Todos esos trabajos se condensan en dos artículos que publican hoy en Nature sendos equipos independientes de astrónomos, con participación de científicos españoles en ambos.

"Es el objeto más antiguo jamás observado. El mero hecho de que lo veamos confirma que en aquella época ya había estrellas, algo que hasta ahora era una hipótesis sin confirmar", explica Alberto Fernández-Soto, investigador del Instituto de Física de Cantabria. La estrella que explotó creando el GRB 090423, dadas sus características, no es un astro de primera generación, pero "la aparición de objetos como éste quiere decir que la formación de los cuerpos celestes fue más rápida de lo que se pensaba", añade este científico español.

Un estallido de rayos gamma debe de ser como el certificado de defunción de una estrella muy masiva que, al agotar el combustible nuclear que la hace arder y contrarresta así su propia gravedad, se hunde y colapsa provocando esa explosión peculiar: se forma un agujero negro o una densísima estrella de neutrones con los restos y se generan dos chorros de alta energía que salen hacia el espacio en sentidos opuestos. Uno de esos chorros, cuando está apuntado hacia la Tierra, se detecta con los telescopios como estallido de rayos gamma. No se entienden muy bien aún todos los procesos físicos implicados en estos fenómenos, pero en los últimos años se ha avanzado mucho tanto en su detección y seguimiento como en su comprensión. Como el primer fogonazo (en rayos gamma) va pasando hacia una luminiscencia que brilla en longitudes de onda de menor energía, los científicos se afanan por captar todos los estadios de su evolución.

"Estamos hablando de una estrella antigua, que ya no existe. La energía de su explosión y su luz han estado viajando durante mucho tiempo por el espacio, desde una época en que aún no existían el Sol o la Tierra", explica, acerca de GRB 090423, Alberto Castro-Tirado, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), del CSIC, y miembro de uno de los dos equipos.

Los dos artículos publicados no coinciden exactamente en los parámetros que asignan a este estallido lejanísimo de rayos gamma. Según Ruben Salvaterra (Observatorio Astronómico de Brera, Italia) y sus colegas, incluido Fernández-Soto, el parámetro determinante para calcular la distancia de un objeto astronómico lejano, el llamado corrimiento al rojo (z), tiene en este caso un valor de 8,1. El otro grupo, liderado por Nial Tanvir (Universidad de Leicester, Reino Unido), asigna a z el valor 8,2. Sin embargo, los márgenes de error de ambos hacen que las medidas sean perfectamente compatibles. Para el objeto más lejano anterior, se calculó un valor de z igual a 6,9. En el equipo de Tanvir están Castro-Tirado y Javier Gorosabel, también del IAA.

Han participado en el rastreo de GRB 090423 varios telescopios de ambos hemisferios, incluidos los grandes observatorios europeos VLT (en Chile) y el Gémini de Hawai. También se han hecho observaciones con el conjunto de radiotelescopios estadounidenses VLA, con el telescopio italiano Galileo, situado en La Palma y con la estación española Bootes-3, instalada en Nueva Zelanda y operada por el CSIC.

(Tomado de: elpais.com)

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